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   13/5/2007




Artículos de opinión

La nueva M-30: Un análisis técnico Jesús-María Rodríguez Molina: Arquitecto

La nueva M-30 20 Minutos 3-5-2007

La M-30 es daliniana Jaime Jiménez - 20 Minutos 30-4-2007

La M-30 navegable Madridiario 09-02-2007

URDACI, El manipulador, reaparece en ayuda de Gallardón Lo Que somos 16-11-2006

Sufrir la M-30 Alberto Grados - Madridiario 26-10-2006

La M-30 verde tardará cinco años en construirse Mábel Galaz - El País 22-10-2006
   Ni lago artificial, ni tranvía

Los expertos aseguran que falla el transporte público Mábel Galaz - El País 18-10-2006
   Hace falta un plan de movilidad - Cuando llueve, los autobuses se resienten

Movilidad o salud: ¿qué prevalece? Antxon Olabe - El País 27-09-2006 (Archivo PDF)

Conducir entre zanjas me crispa El País 19-09-2006

M-30: ¿Trampa mortal? Autopista.es

La polémica como bandera Jorge A. Moreno - ABC 4-07-2006

En los partidos de fútbol es habitual ver que ciertos jugadores aprovechan cualquier decisión arbitral para montar una tangana. Siempre que hay un barullo, allí están ellos, porfiando con el rival para calentar a los espectadores. Les «gusta» la bronca y los aficionados se terminan acostumbrando a su «juego sucio».

Sucede como en la política, en la que ayuntamientos muy concretos, como el de Marbella, parecen vivir instalados en la polémica permanente. Si quien manda en esta localidad es un alcalde o una alcaldesa, lío seguro; y si quien gobierna es una gestora... más de lo mismo.

También existe otro tipo de «polémica», la generada por aquellos políticos cuyas actuaciones, una detrás de otra, provocan el rechazo de una parte de sus vecinos. Alberto Ruiz-Gallardón es uno de los mejores ejemplos. El alcalde de Madrid tiene hartos desde hace meses a los conductores y los moradores de las viviendas cercanas por la faraónica obra que se desarrolla en la M-30. Por si fuera poco, Gallardón ha apretado un poco más el tornillo de la paciencia de sus vecinos al decidir extender los parquímetros fuera del centro de la capital. Las manifestaciones vecinales en estos barrios en contra de esta medida todavía se suceden.

La última decisión controvertida del alcalde madrileño ha puesto en guardia a los comerciantes de la capital. La Ordenanza reguladora de la Publicidad Exterior, que podría entrar en vigor en septiembre u octubre, prohibirá la colocación de anuncios luminosos en el centro de la ciudad y limitará el tamaño de los carteles. Mientras Gallardón considera que existe una «sobresaturación» de publicidad en la ciudad, la Confederación de Empresarios de Comercio Minorista, Autónomos y de Servicios de la Comunidad de Madrid ha anunciado que presentará un recurso contencioso-administrativo contra una medida que «perjudica claramente» los intereses del comercio madrileño. Es bueno que Gallardón se preocupe por los comercios de la capital, pero debería empezar por otras cuestiones, como la seguridad de sus propietarios.

Gallardón cada día acumula más detractores entre los votantes del PP y su partido lo sabe. Un alcalde «populista» no es bueno, pero uno «antipopular», menos.Felices vacaciones, alcalde.

¿Dónde está Madrid? Xavier de Tusalle - 17-05-2006

Una ciudad que espera cuatro grandes parques Mábel Galazz - El País 20-06-2006

Gallardón productions presenta... Jesús Ruiz Mantilla - El País 18-06-2006

Madrid es Europa, también en la M-30 Proinsias de Rossa y Carlos Carnero - El País 14-06-2006

Paseante Manuel De La Fuente - ABC 25-05-2006

Antes de que se nos eche enca el demonio del verano y sus cuarenta a la sombra, aún quedan un puñado de días para darse un buen garbeo por la ciudad. No es cuestión de rebuscar, vayamos al tópico y a lo típico, vayamos al trópico que ya asoma en estos días en el Retiro y en el Botánico. Partamos más allá de la M-30, en domingo y en transporte público, que les aseguro que es viable, aunque la frecuencia de paso de los autobuses más que frecuencia modulada sea onda corta. El dominguero viajero se apea en la esquina de las calles de O´Donnell y Menéndez Pelayo, esto es, la entrada al Retiro por la Montaña de los Gatos. Es cosa infrecuente en los humanos, sin embargo, los veintidós mil árboles del parque sí son capaces de ponerse de acuerdo, a finales de mayo, en una explosión generalizada de verdor, un auténtico derroche de yemas y de vida. El paseante atraviesa en diagonal este paraíso metropolitano (a pesar de que la floresta no atraviese por sus mejores momentos en cuanto a cuidados) sale por Alfonso XII y, a un paso, el Real Jardín Botánico, otra joya. A la entrada, una larga fila, no madrileños la mayoría, que pronto va a paladear otro de los rincones más bellos de los Madriles. A la salida, el Paseo del Prado está imponente, impresionante, imprescindible. Pero con coches, claro. Alguien sabrá el motivo. Porque razón, y menos en fin de semana, el paseante no encuentra ninguna. Tal vez no sea cuestión de un árbol más o de un árbol menos (aunque la cosa ya pasa de castaño oscuro con las talas) sino del modelo de ciudad en el que vivimos. Las zonas peatonales crecen a la largo y a lo ancho de los mapas municipales de todo el mundo. Menos en Madrid. No es tan sólo que el uso del coche privado (casi siempre con un único ocupante a bordo) se permita en lugares inverosímiles, sino que además se fomenta y se potencia. Qué pintan centenares de vehículos en el Paseo del Prado un domingo de mayo a la una del mediodía. Es una pregunta tan buena como sencilla. Por cierto, si el señor concejal del ramo tiene a bien, humildemAente le invito a que una tarde, entre las seis y las ocho por ejemplo, se pase por una de las calles del distrito en el que vivo, la calle de Vital Aza, en Ciudad Lineal. Después de que lo haga, si quiere, hablamos de la movilidad y hasta de sus orteguianas circunstancias.

El 2007 Manuel María Meseguer - ABC 24-05-2006

¿Merecen la pena las molestias de las obras para mejorar Madrid? Foro abierto - ADN 12-05-2006

El problema no son los árboles, sino el tráfico Mábel Galaz y 6 arquitectos - El País 4-05-2006

Es posible otra M-30 Inés Sabanés y Concha Denche - El País 24-04-2006

La fe de Manuel Melis Carmelo Encinas - El País 11-03-2006

El corte de Faraón Moncho Alpuente - El País 1-03-2006

Esa M-30 Ramiro Bueno - ABC 15-02-2006

Te invito a la M-30 El País 29-01-2006

¿Qué están haciendo con el puente de Toledo? El País 24-01-2006

LA MOVILIDAD EN MADRID. Peaje sí, peaje no El País 22-01-2006 (Archivo PDF, 840 KB)

Operación CALLE 30 El País 14-01-2006 (Archivo PDF)

En defensa de las arboledas urbanas Revista Ecológica Quercus - Noviembre 2006 (Archivo PDF)

Ruiz-Gallardón no nos quiere Manuel Martín Ferrand. Estrella Digital 31-10-2005

Los expertos creen que la reforma de la M-30 atraerá más vehículos a la ciudad EL PAÍS 30-10-2005

Gallardón se apropia retóricamente del discurso ciudadano Ramón Linaza 28-10-2005

Gallardón se apropia retóricamente del discurso ciudadano socio-ecologista para hacer exactamente lo contrario. Es un malabarista de las palabras.

En el Paseo de Vigen del Puerto había 140 acacias y ninguna necesidad de un colector. La ampliación de la M30 en el tramo del Manzanares hace imprescindible la construcción de un nuevo colector y nada mejor que talar las acacias para acelerar la obra. Todo ha de estar terminado para las elecciones.

Ahora nos dice el prestidigitador y arboricida faraón, que todo ha sido una inversión medioambiental.

El faraón sabe muy bien -se lo han asegurado sus sabios expertos- que un árbol no es mas que un producto, y la renovación de los stocks siempre favorece a la industria. Naturalmente en las cuentas de Gallardón no se evalúa el daño causado.

¿Qué es un plátano de 200 años, cuando su tala se va a ver compensada por nosecuantos alevines de árboles?

Gallardón, hijo del despotismo ilustrado, racionalista conservador y educado (o habría que decir simplemente cursi) no puede imaginar siquiera que un árbol es un ser vivo, que tal vez tega algunos derechos y que los ciudadanos establecemos relaciones personales con esos seres vegetales, árboreos testigos de nuestra historia y bálsamo de nuestros sudores que naturalmente para el Faraón no tienen alma ni derechos, son meras mercancias con las que dinamizar el mercado y obtener beneficios.

Lo terrible es que como pasa en tantos terrenos, el poder se apropia de los nuevos discursos que surgen en la sociedad. Con perdón por la zafiedad: nos da por culo dos veces, porque se sale con la suya -hace la obra- y lo vende como la mejor respuesta a las justas demandas de la sociedad.

No se como se puede hacer pero hay que desenmascarar al faraón arboricida, que ha hecho bueno a su predecesor Manzano.

El mandato de los ciudadanos ... o el juego de las falacias gallardonianas Eladio Díez. Madridigital 27-10-2005

En estos tiempos en los que la pasividad ciudadana y el dejar hacer se han convertido en un lugar común resulta estimulante encontrarse con alguien que –según sus propias palabras- “frente a posturas conservadoras” apuesta por “el impulso rebelde de actuar”, máxime si el sujeto en cuestión es nada menos que el alcalde de Madrid. Como es sabido, ese impulso rebelde consiste en poner Madrid patas arriba y llenar la ciudad de agujeros, grúas, excavadoras, tuneladoras y demás artefactos exterminadores. También reconforta saber que tan singular rebeldía se asume lejos de cualquier interés o prurito personal y que sólo es “la expresión de un acatamiento incondicional y rendido al mandato de los ciudadanos expresado en las urnas”.

Al Sr. Gallardón le han preparado las cosas para que inaugure algo cada quince días y, no contento con cortar kilómetros de cinta y descorrer cientos de cortinillas tapa-lápidas conmemorativas, aprovecha la ocasión para endilgarle al respetable una murga que, la verdad, cansa más que sus obras: que si actúa con un mandato ciudadano, que si por cada árbol que previamente se ha cargado ahora planta veinte, que si a más coches privados menos polución y mejor transporte público (¿o es al revés?), etc. Tanta reiteración tiene sus ventajas: los periodistas que acuden a sus inauguraciones pueden ir con los deberes cumplidos y la crónica escrita. Algo es algo.

Alguien –algún amigo caritativo, por ejemplo- debiera decirle a don Alberto que ya está algo mayorcito para ir por la vida ejerciendo de rebelde sin causa. Sus antecedentes políticos, su sumisión última al dictado del mandamás de turno de su partido, su reconocida subordinación a los intereses de ciertos grupos económicos de presión, etc., no apuntan precisamente hacia el camino de la revolución. Por otro lado, aunque es una cuestión menor, no es seguro que tanta untuosidad y empalago en la expresión superaran con holgura el casting para un “tipo duro” comme ill faut.

Claro que lo peor no es que sus mensajes sean cansinos. Lo peor es que son tramposos y manifiestamente inconsistentes. Gallardón abusa de la falacia populista –una variedad del sofisma patético, como es sabido - que consiste en la apelación genérica a grandes principios de los que es difícil que alguien disienta para, a renglón seguido, arrimar el ascua a su sardina y tratar de justificar decisiones particulares más que discutibles. Es como quien, a partir del hecho incontestable de que el Pisuerga pasa por Valladolid –por ir al tópico más socorrido-, pretende hacernos creer que su perro alano se tiene que llamar Ramón y no de otra manera.

La falacia populista se perfecciona con otra más: la falacia de las falsas pistas: se seleccionan cuidadosamente los datos, se desagregan y descontextualizan, se muestra la parte más amable y vistosa –en general, todas las cosas tienen algo positivo- y se oculta lo demás. Resultado: aquí estoy porque dios me ha puesto, dios no se puede equivocar, luego yo tampoco. Y que conste que si me criticáis no es porque seáis malos, ¡lejos de mí pensar mal de nadie! Me criticáis porque sois ignorantes y, claro, así no podéis daros cuenta de lo bien que lo estoy haciendo. Ya me lo reconoceréis en el futuro.

Con estas premisas, el sofisma gallardoniano se explicita de la siguiente forma: En mi programa electoral iba la reforma de la M-30 / mi programa triunfó / luego los ciudadanos me han dado el mandato de que amplíe la M-30 como me dé la gana y al precio que sea.

O así: En mi programa electoral iba… etc. / mi programa ha ganado / luego los ciudadanos me han dado el mandato de que arrase con todos los árboles que pille por delante.

Etcétera. Las variantes del sofisma gallardoniano son múltiples y la variedad de sus conclusiones inconmensurable. Con tan particulares silogismos, resulta que los ciudadanos hemos mandatado al sr. Gallardón que nos endeude el 160% por encima de nuestras posibilidades durante 35 años, que ponga chimeneas debajo de nuestras ventanas para meternos a presión en nuestros dormitorios el CO2 de cientos de miles de coches, que destroce la Casa de Campo, los parques de la Arganzuela y Tierno Galván y unos cuantos más y, ya puestos, por si se da el caso, que una tuneladora se lleve por delante algún que otro bloque de pisos.

Sabemos que una de las características que diferencia a los políticos de raza del resto de los mortales es su habilidad para, en las circunstancias más adversas e incluso con toda suerte de luz y taquígrafos, darle el cambiazo al personal y convertir lo negro en blanco. El sr Gallardón se está haciendo un maestro en esto de dar gato por liebre. Deberá recordar, no obstante, que el recurso a la falacia es un arte con muchos riesgos y que para esgrimirla con lucimiento durante cierto tiempo hace falta algo más que reiterarla continuamente.

Madrid 2025 Moncho Alpuente. EL PAÍS 19-10-2005